Bill Gates: «No estamos preparados para aprovechar plenamente la IA»

Bill Gates advierte que la transición hacia la era de la inteligencia artificial será uno de los períodos más turbulentos de la historia humana, y afirma que el mundo no se está preparando adecuadamente para ella. Si se toman las medidas correctas, la IA será una fuerza para el bien y dejará a todos en mejor situación; de lo contrario, podría convertirse en una profunda fuente de injusticia, señala el ejecutivo.

La afirmación la hace en el documento «La turbulenta era de la IA ya está aquí. Las decisiones que tomemos ahora son críticas», publicado en su sitio gatesnotes.com. Gates contextualiza su perspectiva en su trayectoria personal: solo ha tenido dos empleos en su vida. El primero fue desarrollar software en Microsoft para empoderar a las personas; el segundo, iniciado a tiempo completo en 2008, consiste en devolver la riqueza acumulada mediante la filantropía, con el objetivo de hacer del mundo un lugar más saludable, educado y equitativo. Su fascinación por hacer computadoras más inteligentes data de los 13 años, aunque solo en la última década la IA ha progresado de manera significativa, alcanzando por primera vez la capacidad de reemplazar e incluso superar la cognición humana.

El autor plantea una disyuntiva fundamental: la IA será o el mayor igualador jamás inventado, o la peor fuente de injusticia. De allí surgen preguntas cruciales: ¿cómo usar esta tecnología para hacer el mundo más justo sin ampliar la brecha entre ricos y pobres? ¿Cómo proteger a los más vulnerables, incluidos quienes pierden sus medios de subsistencia y su sensación de control sobre el futuro? Gates considera que responder estas preguntas debería ser la máxima prioridad mundial, pero observa que líderes, expertos y comunidades no están enfrentando adecuadamente estos desafíos: no existe un plan para facilitar la entrada a la era de la IA.

En su sitio gatesnotes.com el ejecutivo muestra aspectos de su vida personal.

Parte del problema es que muchos comentaristas subestiman el impacto de la IA por dos razones. La primera es que los modelos aún cometen errores —como cuando no podían resolver un Sudoku simple o contar las letras «R» de «strawberry»—, pero este problema de fiabilidad se está corrigiendo rápidamente mediante modelos que verifican su propio trabajo y pronto superarán a los humanos en muchas tareas. La segunda es que las analogías con innovaciones pasadas resultan engañosas: la PC tardó veinte años en transformar el trabajo porque requirió desarrollar software, reducir precios y aprender nuevas herramientas. La IA, en cambio, funciona en los dispositivos que ya poseemos y usa lenguaje natural: no debemos adaptarnos a ella porque ella se adapta a nosotros, e incluso puede aprender de los mismos videos de capacitación que usan los trabajadores humanos.

Gates reconoce un posible sesgo: se ha beneficiado enormemente de la industria tecnológica y mantiene lazos financieros con ella, trabajando con Microsoft y otras empresas de IA como presidente de la Fundación Gates. Sin embargo, aclara que sus opiniones no están motivadas por el lucro personal, pues las ganancias de sus inversiones —incluidas las tecnológicas— se destinan a la fundación para combatir la desigualdad global.

El autor confiesa sentimientos encontrados: toda su vida deseó que la innovación fuera más rápida, pero con la IA sus deseos son más complejos. Le gustaría que los beneficios llegaran pronto y que los problemas se retrasaran, pero ambos están llegando al mismo tiempo. Necesitamos tiempo para prepararnos ante la conmoción social, política y económica que se aproxima, y quienes más tiempo necesitan son quienes menos tienen: el trabajador de contabilidad reemplazado por un bot o el empleado de 20 dólares la hora que pierde su empleo ante un robot de 10.

Muchos observadores comparan esta transición con anteriores, como el paso del trabajo agrícola al de oficina en Estados Unidos, pero aquella ocurrió a lo largo de generaciones y creó empleos que exigían cognición humana. Esta vez es diferente: la tecnología puede sustituir precisamente esa cognición. Al poder ver, escuchar, hablar, razonar y eventualmente realizar trabajo físico como cualquier humano, la IA impactará múltiples sectores —derecho, atención al cliente, medicina, software y manufactura— con rapidez, en una década en lugar de generaciones. Habrá algunos empleos nuevos, pero sin las políticas adecuadas serán muchos menos que los que existen hoy.